El mayor se dirigía al castillo, mientras ella iba caminado detrás de él y revisando las presas del príncipe, a Hafiza no le daba asco esas cosas o incluso lastima por los animales que el príncipe casaba, de cualquier manera ya estaban muertos, y si no lo hacia el príncipe siempre la castigaba, así que se acostumbro, pero se admiro al ver que dentro de las presas había una en particular, y la tomo deprisa en asombro para enseñársela a Luther

 - Príncipe Luther - tomo la presa de las orejas- Es un conejo

- No necesito que me digas que es para saber lo que cace

- Pero no era solo una cacería de zorros - emocionada

- Solo se me atravesó y decidí matarlo

- Kyaaaaaaa -soltó al conejo  

El joven volteo inmediatamente al escuchar el grito de Hafiza, quien había soltado al conejo, miro al conejo ensangrentado en el suelo, y observo que aún intentaba moverse, la cara de la joven estaba pálida, ver a los animales muertos eran una cosa, pero a medio morir y ensangrentado era otra.

 Luther se agacho para recoger al conejo, lo tomo del cuello y la cabeza, después sin ninguna preocupación le quebró el cuello, al escuchar el sonido del cuello romperse Hafiza soltó una lagrima, sin embargo el príncipe solo le dio a que sostuviera el conejo, porque no quería cargar nada

 - Estúpida, si no lo hubiera hecho seguiría sufriendo

 Esa noche le hicieron el conejo al príncipe para la cena, pero en definitiva Hafiza no lo probo, ni siquiera miro el plato de comida de Luther, la cena de alguna manera le fue incomoda para el príncipe. Luego de la cena fueron a su habitación, para que el mayor pudiera tomar un baño.

 Ella se quedo fuera del baño acomodando la cama del príncipe para que pudiera dormir mejor, el salió del baño aún mojado de la cabeza, con solo una toalla que le tapaba las partes intimas, Hafiza lo miro con una sonrisa

 - Si no se viste en seguida, pescara un resfriado

 Hafiza ya estaba acostumbrada a verlo salir en toalla del baño, desde que eran niños ella se encargaba de asearlo, así que era algo normal para ella, aunque cuando fueron más grandes Luther ya no dejaba que ella lo bañara, pero seguía saliendo de esa manera del baño, él se vestía mientras ella siempre hacia la cama, y siempre había sido de esa manera.

 La habitación era enorme, la cama estaba de lado a los enormes ventanales,  era una cama tan gran de que fácilmente cabrían en ella siete personas, también era muy cómoda, se sentía como si se durmiera sobre una nube, junto a la cama estaba un enorme sillón, con unas almohadas, al lado de este sillón estaba un cofre de madera.

 Luther se a costo del lado derecho de la cama, cerca del sillón, pese a que tenía toda esa enorme cama para él, Hafiza fue a apagar las velas de la habitación, dejando abierta la ventana del lado del sillón, y unas velas cerca del mismo, luego saco del cofre algunas costuras, se acomodo en el sillón y principio a coser

 El mayor la observaba, ella estaba concentrada en la costura, y de la nada comenzó a tararear una suave melodía, no tenía letra pero era acogedora. Desde que ella llego su trabajo más importante siempre había sido permanecer, en la noche, al lado del príncipe hasta que se durmiera, entonces ella podría irse

 - Realmente sentiste lastima por el conejo -cuestiono el príncipe

- Sí, pero no es tú culpa -decía con tranquilidad mientras seguía cociendo

- ¿Quieres uno?

- No, está bien -lo mira con dulzura- Estoy bien

- Te odio -se acomoda dándole la espalda

- <<Quiero que te duermas como un sol, que se acuesta en un campo de trigo>> -cantaba con suavidad, casi en un susurro- <<Tengo en mi pecho un corazón, igualito a la melodía de este amor>>

- ¡Cállate! -le grito muy enfadado- Ya no tengo 10 años

- <<Debe ser que me pediste un día una canción, que fuera del corazón, ahora la canto, aquí mismo>> -sonrió y prosiguió en su labor- <<Nunca nadie me dio tanta luz, para nadie fui tan importante>>

- Por favor, para -se pone una almohada en la cabeza

- <<Nunca quise ver tan lejos al dolor, Con verte crecer es bastante>> -continuaba la melodía sin importar los reclamos- << Le pedí al señor que me diera un amor, nunca pensé sería tan profundo>>

 Y así continúo cantando la melodía hasta que el susurro de la misma se convirtió en un tarareo sublime, pasado algunas horas Luther sin darse cuenta con las melodías de Hafiza se durmió, en una noche de luna, con un viento sutil.

 La joven al darse cuenta que Luther se había dormido inserto la ajuga en la tela y la guardo con cuidado en el cofre de madera, se levanto con cuidado para soplar las velas, y con delicadeza fue a entre cerrar un poco la cortina del ventanal, miro por ella la luna, tan hermosa, tan resplandeciente, luego fue hacia el príncipe, le quito la almohada de la cabeza y la puso a un lado de la cama, lo tapo bien y se inclino para darle un cálido beso en la mejilla.

 - Buenas noches Johan -susurro en u oído

 Hafiza salió del cuarto en silencio para encaminarse al suyo, ella dormía en el área de los sirvientes, las habitaciones se encontraban por la sección de la cocina, así que la joven debía bajar las escaleras, luego pasar por el gran pasillo hasta la sección donde se entraba a la cocina, excepto que debía doblar a la izquierda, en lugar de seguir derecho, en esa área estaban las habitaciones de los empleados, la mayoría de los empleados ya estaban dormidos, faltaban unos cuantos solo para dormir, y los guardias de esa noche

 - Buenas noches Hafiza -le saludo un guardia

- Buenas noches - le regreso el saludo

- Veo que el señorito tardo un poco en dormir -decía con sarcasmo

- Sí, fue un día largo y ocurrió lo del conejo -recordando

- ¿El conejo?

- Si... un conejo que cazo, pero no importa

- Bueno, te dejo para que descanses, debes levantarte temprano

- Si, gracias -una ligera reverencia- Que tenga una buena noche

 Abrió una puerta y entro para descansar, era un cuarto sencillo, no tan grande como las habitaciones imperiales, pero lo suficiente espaciosa para que este lo que uno necesita, más su baño propio. Ella entro al baño para asearse, el día había sido un poco largo.

 Después de ello se fue directamente a la cama, se tapo con sus sabanas, y miro hacia la ventana, la única en el lugar, estaba sobre su cama, ella podía observar la luna, sonrió y cerros sus ojos, mañana debía levantarse temprano.

 A la mañana siguiente se levanto temprano, se baño y se arreglo, se sujeto el cabello con un lazo y fue a despertar al príncipe, Hafiza se había levantando antes de que el mismo gallo del castillo cantará y le exigiera al sol salir. Ella se encamino hacia el cuarto de Luther, quien aún seguía dormido, fue hacía el enorme ropero y eligió la ropa que llevaría ese día, paso siguiente fue al baño a calentar el agua y ponerla en la tina, el baño parecía otra habitación, era realmente enorme, acomodo las toallas, los jabones y especies aromáticas.

 Terminado ese labor fue hacia el príncipe, el estaba en medio de la cama, boca arriba, así que la joven tuvo que subirse a la cama para poder alcanzarlo y despertarlo, se acerco lo suficiente y le movió el brazo.

 - Johan, buenos días Johan - Pronunciaba con suavidad el segundo nombre del príncipe- Ya amaneció

 Poco a poco el príncipe abrió los ojos, para encontrar la mirada de la joven, quien sonreía, él se incorporo en la cama, aún medio dormido miro a los lados, todavía no ubicaba donde era que estaba.

 - Johan -le volvió a llamar- Ya amaneció

- Ya... -dijo a penas para si

- Es hora de su baño - se bajo de la cama

 El príncipe salió de la cama y fue directamente al baño, mientras ella quitaba las sabanas de la cama, porque era día de lavado, así que debía encargarse de las ropas del príncipe y las sabanas también, el príncipe se estaba bañando, pero ella toco la puerta para ver si podía pasar por las ropas de él.

 Luther le dio la orden que pasará, y ella entro, el mayor ya estaba dentro de la tina, y ya estaba despierto, vio como ella pasaba por sus ropas, con una sonrisa fresca, como era de costumbre.

 - Oye, lacayo - le llamo el mayor- Lávame la espalda

- Si - se acerca, toma una toalla y la moja con agua y jabón- Esta bien así

- Hazlo con mas delicadeza -dijo con firmeza- Recuerda que es la espalada de un príncipe, y no debe ser dañada por una persona cualquiera

- Lo siento -sorprendida- Lo hare mejor - puso más empeño

- ¿Vas a lavar mis ropas hoy?

- Eh, si -sonrió- Es el segundo día que usas las sabanas, y siempre las lavo en el segundo día, aparte parece que hará un maravilloso día

 Ella termino de lavar su espalda y continuo por lavarle el cabello, aunque ya no se encargaba de  asearlo, a veces el príncipe le permitía que lo hiciera, ella lavaba con sumo cuidado la larga cabellera del príncipe, desde su cabeza hasta las puntas de su cabello, con el agua el cabello era aún más negro que las tinieblas, por ultimo  le puso un liquido de especies aromáticas.

 Luther le dio permiso de que no permaneciera junto a él, para que la joven pudiera lavar las ropas, y no se sintiera presionada, al menos por la mañana, porque en la tarde ya debía estar junto a él.

 Mientras los jóvenes se encargaban de sus cosas, en las entradas del castillo se presento una mujer, que quería hablar con el rey, al principio los hombres del castillo dudaron en dejarla pasar, pero cuando vieron de quien se trataba fueron a infórmale al rey respecto a ella.

 El rey lo pensó un momento al escuchar de ello, pero después de unos segundos dejo que la mujer pasará,  cuatro guardias la escoltaron delante del rey, era una mujer que estaba envuelta en unas capas negras, nadie podía ver bien su cara, pero lograba sobresalir cabellos rizos de color negro.

 Al estar delante del rey, ella alzo la cabeza, pero no se podía ver nada atreves de la capucha,  pero ella podía ver todo, el rey sonrió con cordialidad, así que ella se quito las capas, dejo ver una piel morena, con una cabellera larga hasta la cintura, de cabellos rizos, ojos de color ámbar pero fríos como el hielo, de ropas negras con plumaje de cuervos. Sostenía una esfera purpura en su mano derecha y en la izquierda un medallón de oro.

- A qué debo su gentil visita -por fin hablo el rey- Bruja de la noche

- Mi rey, mi querido rey -decía con frialdad- Usted nos ha mantenido en una era de paz y tranquilad, entre los humanos, los seres mágicos... y los demás, he venido a agradecerle personalmente

- Gracias, realmente atesoro este cumplido -sonrió

- Pero, sin embargo me preocupa algo -miraba su esfera- El futuro de Traugoth estos últimos días

- Por qué debería preocuparte el futuro de nuestro reino -cuestiono el rey

- Verá, la luna, que es mi eterna amante, me dijo que...- muerde sus labios

- Qué te dijo bruja de la noche -hablo con tono suave pero firme

- ¿Usted odia a las brujas? -cuestiono juguetonamente

- ... -no respondió

- Mi eterna amante me dijo que su esposa murió por una bruja

- Quizás odie a esa bruja -dijo con tranquilidad- Pero no a todas

- Yo odio a los malditos humanos con tono de superioridad -enfadada

 Dicho esto el príncipe entra azotando las puertas, en cuanto el joven escucho que una bruja se había presentado al castillo fue inmediatamente a ver a su padre, porque él detestaba a todas las brujas, porque no entendía porque las grandes personas, como el rey necesitaba ayuda de alguien más, de esos seres tan despreciables que vendían su alma a las fuerzas obscuras.

En cuanto vio a la bruja, el príncipe saco su espada, y ella sonrió complacida, él corrió tras ella, pero el sargento lo detuvo, todos sabían que no debían meterse con las brujas negras, porque ellas vendieron sus almas a las  fuerzas obscuras para poder controlar todo o cambiar destinos.

 - ¡No hagas nada!- le grito el rey

- Vaya, el mismísimo príncipe puede sacar de sus casillas al rey

- Bruja negra -le llamo el rey- Dime qué asunto te trae a mi reino

- Veras -se va acercando al rey- Mi amante, el demonio me dijo que nacería un hijo de una mujer maldita, y que ese hijo tendría los ojos color sangre, y un espíritu endemoniado

- A qué te refieres -casi adivinando el pensamiento de la bruja

- Ese hijo maldito -le detuvieron el paso los guardias- Sera el desprecio del pueblo y la ruina de las brujas negras

- Te refieres a mi hijo

 Inmediatamente el rey miro al príncipe, y la bruja corrió tras él, los guardias trataron de matarla con las espadas, pero ella puso una barrera a su alrededor, haciendo que estas salieran volando, el sargento en seguida tomo el brazo del príncipe y corrió con él fuera de la sala, y lo dirigía por los pasillos, la bruja empezó a levitar y en seguida trato de alcanzarlos, tenía en su rostro una sonrisa desquiciada, con sed de sangre.

 El rey mando a llamar a más guardias para la protección de su hijo, otros más se quedaron con el rey para su protección.

 El sargento junto al príncipe corrían por las escaleras, pero la bruja bajo volando y los alcanzo al final de las escaleras, los dos se quedaron sorprendidos por la velocidad de la misma.

 - Maldito mocoso -decía fríamente- Creíste que escaparías de mi

- Maldita bruja, crees que te tengo miedo -desafío el príncipe

- Pues corriste como un perro, con la cola entre las patas

- Príncipe, por favor no la provoque -le sugirió el sargento

- Creí que no me salvarías -le cuestiono el joven

- Este no es el momento

 Se puso delante del príncipe y saco su espada, y corrió para atacar a la bruja, la bruja reía a carcajadas, salían truenos de su boca, el sargento en una mirada rápida le dio la señal al príncipe de que se fuera, pero él se molesto más, no correría como un perro, se quedaría a pelear.

 En todo el castillo se escuchaban los gritos, por los truenos sin control de la bruja, los espejos se rompían, las ventanas se quebraban, las personas que estaban cerca se iban corriendo, algunos soldados más entraron para pelear con la bruja, pero ella hacía que el piso temblara, y grito tan fuerte que casi reventaba los tímpanos de las personas.

Luther corrió ante la bruja, para atacarla, pero el sargento al verlo, lo empuja lejos, no quería que interviniera, si lo hacía era probable que consiguiera el objetivo, que era matarlo, pero el joven seguía insistiendo, el mayor logro pensar que era un maldito idiota por no entender la situación.

 En un movimiento rápido la bruja hizo que el metal fuera atraído por el piso, quedando los hombres sin armas, y algunos soldados con armadura en el piso, luego creo más relámpagos, haciendo también que los que quedaran fueran a dar al piso de dolor, entre ellos el sargento, solo quedo de pie y herido el príncipe, la brujo sonrió con locura.

 - Maldito estúpido -dijo con locura- Yo mate a tu madre para impedir tu nacimiento, ya hora te veo frente a mi

- Creo que haces mal tu trabajo -dijo con sarcasmo

- Ahora veras como hago mi trabajo

La bruja se trago la esfera antes los ojos de asco del joven, y luego los ojos de la bruja se pusieron en blanco, pero era evidente que miraba al príncipe, él se puso en posición de pelear, ella expulsaba por la boca una especie de saliva verde, que tenía un fétido olor, comenzó a pronunciar unas palabras raras y el cielo empezó a obscurecerse, el viento principio a soplar con enojo, y ella brillaba con una luz purpura alrededor suyo.

 Al terminar de pronunciar las palabras, hizo un símbolo al aire, y se acerco volando a toda velocidad al príncipe, quien ante tal impresión no se pudo mover, sus pies se quedaron clavados al suelo, y un frío recorrió su cuerpo, solo podía mirar como la bruja se le acercaba.

 La bruja muy cerca de él abrió la boca dejando salir una luz purpura que logro tocar al príncipe en el pecho, pero de pronto de la nada, el príncipe observo como una sombra negra se interpuso, al sentir algo tibio salpicarlo reacciono y pudo ver que alguien se había interpuesto.

 Hafiza había utilizado su propio cuerpo como escudo, para proteger al príncipe, y había clavado una madera partida en el estomago de la bruja, Luther observo la escena pero no podía moverse, ella estaba parada frente a él.

 - Maldita mujer... -dijo con dificultad la bruja

- Eres tan solo un conejo -le dijo la joven- Eres una presa más

- Esto no se queda así

 La bruja sujeto el brazo de la joven y la mordió, ella grito de dolor, haciendo que el príncipe reaccionara ante ello, sobre encima de la joven tomo la cabeza de la bruja y obligo a que soltara a Hafiza, luego le quebró el cuello como al conejo y la bruja cayo, su cuerpo principio a temblar, sostuve el pie del príncipe, pronuncio algo y murió, el cuerpo comenzó a expulsar un olor fétido y verde

 El joven pateo la mano de la bruja y alejo a la joven de ella, después, así de la nada la bruja desapareció, los dos cayeron al suelo, de la impresión sus pies flaquearon, el príncipe sostenía con firmeza a la joven.

 - Johan -volteo a ver al príncipe con lagrimas en los ojos- Me alegro que estés bien, me alegro tanto

- ¡Estúpida, no tenías que hacer eso! - le grito

- Creí que te perdería - lo abrazo- Johan... Johan... -lloraba

- No es para tanto... idiota -correspondió al abrazo

 Los soldados comenzaron a levantarse, el sargento también se incorporo, y con un poco de dificultad fue a ver al príncipe, para saber cómo se encontraba, los vio abrazados, para lo que el mayor sonrió a sus adentros

 

- Vaya, así que al final ella fue quien te protegió

- Siempre hace lo que quiere -reclamo con enojo

- Claro, pero no la abraces tan apasionadamente -comento con picardía

- Yo... - totalmente enfadado- Oye lacayo, levántate

 El joven trato de que se levantara, pero de alguna manera no lo consiguió, el cuerpo de Hafiza no se movía, y lo sentía pesado, la tomó de los hombros, la empujo hacia delante, para estar cara a cara, pero ella parecía muerta, el príncipe la agitaba para que despertara, pero ella no reaccionaba.

 

- Príncipe Luther -señalo el sargento- Sus ropas están manchadas

- Es negro - observo sus ropas manchadas de un liquido negro

 Acomodo a Hafiza en sus brazos, con su mano tomo un poco del liquido negro y probo, sabía a sangre, él miro el brazo que le mordió la bruja, y de allí brotaba un liquido que era negro, parecía tinta negra, no se veía roja ni  olía a sangre, entonces qué era lo que significaba.

 El sargento se acerco para tomar a Hafiza y llevarla a que la atendieran, pero el príncipe la sujeto con firmeza, y se levando con la joven en brazos, miro al sargento y comenzó a subir las escaleras, pero el sargento lo detuvo

 

- No seas un niñato -le regaño- Puede que ella tenga la maldición

- ¿La maldición? -cuestiono preocupado el príncipe

- Sí, su sangre es negra porque le mordió la bruja, hay que llevarla con una curandera o a alguien que diga qué es lo que tiene

- Bien -dijo decidido- Por favor ve a buscarlo y llévalo a mi habitación

 El mayor quedo sorprendido ante la petición del príncipe, porque no lo exigió, si no que lo pidió como un favor, tanto le importaba la chica como para rebajarse a pedir las cosas como favor, el sargento Klun ordeno a uno de sus soldados a que fuera a buscar a una curandera conocida del lugar.

 Mientras buscaban a la curandera, el príncipe Luther se apresuraba a poner a Hafiza en la cama, la puso con sumo cuidado, como si de un frágil cristal se tratara, ella no se movía, ni siquiera se quejaba, en seguida el mayor fue al baño por algunas toallas y vendas.

 Teniendo solo algunas cosas provisionales empezó a limpiar esa herida, que al parecer no quería dejar de sangrar, el príncipe comenzaba a desesperarse al ver que el liquido negro seguía fluyendo, ¿Qué clase de herida era esa? ¿Qué hechizo era el que puso esa bruja? ¿Moriría Hafiza?

 

- Hafiza... despierta -le llamo en un susurro desesperado

 Pero ella no se movió, el príncipe aventó la toalla en impotencia, el enojo era consigo mismo, él debió moverse, debió atacar a la bruja cuando estaba frente a él, pero en lugar de eso se quedo parado, se congelo, ante tal horror, por el descuido de él, quizá su única persona más importante estaba en peligro de muerte, pero si era una maldición, debía haber manera de quitarla.

 Miro sus manos manchadas, que aún temblaban y cayó de rodillas al piso, mirando sus manos, esas manos que no pudieron hacer nada, golpeo el piso con sus puños, no se lo perdonaría, jamás se perdonaría a él mismo, ni a las brujas negras, jamás dejaría que una bruja negra lance una maldición a nadie más.