Epílogo

 

En las afuera de unas tierras lejanas, a lo alto de grandes valles, cerca de ríos corriendo y de bosques inmensos, se encontraba el Reino de Traugoth. Era un reino grande y prospero, conocido también por su fuerte ejército y la lealtad de todo su pueblo hacia su rey.

 Dentro del enorme castillo vivía la familia real Von Baumgaether, de la cual solo estaba formada por el Rey y su hijo. El príncipe era el único heredero a la corona, ya que su reina madre había fallecido cuando él apenas era un bebe, y su padre por una enfermedad ya no podía dar más herederos al trono.

 El príncipe Luther fue muy querido desde su nacimiento, todo el pueblo amaba a esa criatura que  nació para dirigirlos, para seguir llevándolo en paz, con  determinación y coraje. El niño fue tan querido y deseado, que todo su amor lo convirtió en el peor príncipe de la historia de Traugoth.

 Cegados todos por el amor al príncipe lograron convertirlo en un persona obstinada, egocéntrica y maleducada, todo un príncipe malcriado, de ello se dieron cuenta ya pasado los años, pero era demasiado tarde para hacer algo.

 Ya grande el príncipe, casi todo el castillo le temía y no quería acercarse a él, por su increíble mal humor, ninguna persona soportaba estar cerca de él más de cinco minutos, al igual que el joven príncipe no soportaba a los demás por mucho tiempo, en su mundo era él quien tenía la razón y las cosas que quería las daba por dadas.

 Nadie sabía con exactitud cómo sería el reinado con el príncipe, o si alguna vez él cambiaría, como así mismo si alguna vez se casaría, porque sus antiguas pretendientes se habían marchado por su carácter.

 El destino del reino estaba descansando sobre los hombres de una persona que ni siquiera tenía la mínima intensión de cargar con ello.