Buenos días... -Dudo Meikyo en el saludo pues no sabía el nombre de ellos
Buenos días joven señora -dijeron todos al unísono mientras daban una reverencia
No me llamen joven señora, solo llámenme Meikyo
No podemos hacer eso -corrigió la ama de llaves- Nuestro joven señor se enfadaría de gran manera, aparte sería una falta de respeto total
Pero a mí no me molesta- sonrió dulce y apacible- Solo quería conocerlos a todos, aunque puede que me tarde en grabar los nombres de todos
No es necesario que lo haga, si necesita algo puede llamar a cualquiera -aclaro el mayordomo
Pero en sentido de la palabra <<Llamar>> quiere decir que debo nombrarlos y no sé cómo se llaman
Solo diríjase a las mujeres como <<Susan>> y a los hombres como <<John>>- explicaba la ama de llaves- es así de sencillo
Pero no todas se llaman Susan o John, es más dudo que alguien se llame así -alejaba la joven inconforme con la explicación
Meikyo, será mejor que respetes esas reglas -advirtió Akira al ver la cara del ama de llaves
Pero Nana, tú me has dicho que a todos debemos llamarlos educadamente por sus nombres -alejaba- Y esos no son sus nombres
Si tienes razón mi niña, pero son los <<nombres>> que se le asignaron -trataba de hacerla entender Ben, con mucha tranquilidad- Así que debes llamarles por << su nombre Susan>> y << su nombre John>>
Bueno, aunque no estoy convencida
Pasando a otro tema joven señora -Trato de cambiar la conversación el mayordomo- ¿Qué es lo que se le ofrece?
Ah, es cierto, lo que pasa es que <<el joven señor>> me ha dado permiso de practicar la jardinería y el cultivo -lo decía de forma juguetona pero también la manera más amable- Y me preguntaba dónde estaban los utensilios
¿Por qué desea hacer un trabajo de obrero? -cuestiono el ama de llaves
Bueno, me gustaría también ayudar con la limpieza, pero no creo que me dejen hacerlo, así que la jardinería es otros de mis pasatiempos
Si me permite preguntar, no lee libros o toca música
Sí, por supuesto, pero no creo que me mantenga ocupada todo el día hasta que Kyoya llegue
La ama de llaves miro de una forma extraña a la joven, pues no estaba muy conforme de que lo llamará tan deliberadamente <<Kyoya>> pero ahora ella también era la dueña y no podía cuestionarla ni faltarle al respeto de esa manera, sin nada que pudiera decir, le encargo a dos <<Susan>> y un <<John>> para que la provisionaran de cualquier cosa que necesitara.
Hecho eso, los tres empleados condujeron a los tres a la parte trasera de la casa, donde estaba el invernadero, junto a él había otra casita donde se guardaban los materiales de jardinería, había de todo un poco.
Mi señora, me atrevo a preguntar de qué jardín se va a ocupar hoy -Dijo Susan de cabellera obscura, lacia y corte recto a los hombros
Pues... yo creo que los de cultivo, hay que asegurarnos que vayan bien y no tenga algunas malas hierbas
De acuerdo, John por favor carga con esos utensilios y Susan con aquellas otras, mientras yo me encargo de estas
Permítame ayudarla Susan -fue Ben hasta la joven de cabellera castaña y recogida en una cola de caballo
Muchas gracias -contesto tímidamente
Oigan, ya que están designados a mí -los miro con picardía- Les molesta si me dicen su nombre, es que eso de llamarlos Susan y John no termina de convencerme
Pero... -dudo la Susan de cabellera negra
Meikyo no seas imprudente -regaño su nana al tratar de hacer que ellos rompieran las reglas pese a las advertencias
Prometo que solo les llamare por su nombre cuando estemos solos -prosiguió sin hacer caso a lo que le acaba de decir Akira
Mi nombre es Arthur -dijo sin vacilación John
Yo... Lían -continuó con timidez la joven de cabellera castaña
Pues ya que, yo soy Alín - dijo la joven de cabellera obscura en un tono rudo
Vaya, pero si a cada quien le queda su nombre como anillo al dedo -sonrió muy complacida Meikyo al escuchar sus nombres
Y ya que estamos en confianza -dijo con toda naturalidad Arthur- Me gustaría ver tus alas, he tenido curiosidad desde que llegaste
¡Arthur! -le regaño Alín por ese atrevimiento
No me digan que ustedes no se mueren de curiosidad por eso- dijo Meikyo
La verdad... es que si tengo algo de curiosidad -admitió Lían
Vaya Arthur, tu y yo nos llevaremos muy bien -decía Meikyo mientras reía abiertamente al escuchar esos comentarios, para nada se sentía ofendida- Me gusta esa sinceridad tuya, bueno si los tres quieran verla, por mi está bien, qué dices Alín, te gustaría verlas también.
Sí, debo admitir que yo también siento mucha curiosidad -admitió resignada
Meikyo miró tras suyo para ver que no estuviera nadie alrededor, pues aunque era muy impulsiva no quería meter en líos a sus nuevos camaradas, eso sería una atrocidad para ellos. Al ver que el área estaba segura se volteo dando la espalda a ellos, relajo sus manos dejándolas caer, dio un largo suspiro y exhalo despacio, no era de extrañarse que le tomara concentración, nadie más las había visto, solo las personas especialmente escogidas por las deidades.
Después de unos segundos más desplego sus alas, el polvo del lugar se levanto un poco, las cabelleras de los presentes también se alboroto un poco, sus alas emitieron un melodioso y ensordecedor <<flap>> al mismo tiempo que el lugar se llenaba de un sentimiento de calidez, el polvo que se había levantado alrededor de ella hacía parecer que estaba en una neblina. Los ojos de los tres empleados se quedaron admirados al observar el esplendor de sus alas y el gris puro de ellas, no era un gris sucio o de desagradable como habían escuchado en algunas voces, era un gris ligeramente lleno de emociones encontradas, de alegría, nostalgia, fuerza y delicadeza, no cabía duda que era la combinación del sol y la luna, Akira y Ben estaban llenos de orgullo por esas alas, conocían la verdadera historia y por todo lo que la joven paso para crecer fuerte y con dignidad, eran como unos padres llenos de orgullo por su hijo, entre que la contemplaban los tres sirvientes notaron que una lucecita daba vueltas alrededor de la joven.
¿Qué es la luz que te rodea?- se atrevió a decir muy dudosa Alín, pues no estaba segura de que si lo que veía era cierto
Ah, él es Star- explico Meikyo al ver a su pequeño guardián, no se había percato de que estaba ahí- El es mi espíritu guardián del astro estelar, ya saben, aparecen cada vez que uno extiende sus alas
Sujeto suavemente al pequeño entre sus manos y lo dirigió a sus nuevos amigos, para poder enseñárselos más detalladamente, ellos lo miraron perplejos, jamás habían visto a otro espíritu de los astros que no fuera el sol, por su joven amo, sabían a grandes rasgos como era el de la luna, pero ver que realmente se puede crear uno nuevo era algo asombroso.
Pero no es algo simple el nombre para ser de un guardián -cuestiono Arthur por el nombre que eligió ella para el espíritu
Bueno quizás sea cierto -el espíritu miro a su amo molesto, se notaba que no le había gustado ese comentario- Se lo puse cuando tenía cinco años... pero creo que le queda bastante bien, su pronunciación me gusta, es como si lo estuvieras afirmando, como si al pronunciando estuvieras seguro que ahí esta y que está dispuesto a acudir a ti
Tienes razón -afirmo muy asertiva Alín- ese es un nombre digno <<Star>> tan simple, tan puro y firme... ¿Puedo tocarlo?
Claro - la joven se lo da y Alín lo sujeta como si fuera de cristal, aunque prácticamente flotaba entre sus manos
Es tan hermoso, de tan solo tenerlo entre mis manos puedo sentir su poder -sonrió con dulzura a lo que Star cerró los ojos complacido
¿Qué es lo que come? -intrigada Lían pregunto al lado de Alín
Lluvia de estrellas
Eso cómo se consigue o se cultiva -cuestiono Arthur al escuchar lo que comía
Pues Akeru <<Amanecer>> come rayos de sol, y Kureru <<Anochecer>> come rayos de luna -explicaba Meikyo- Pero Star come lluvia de estrellas, por lo que mi padre Alexander me ha dado un frasco con lo que cada vez que haya lluvia de estrellas yo pueda atraparlas
Y no se podrá cultivar -sugirió Arthur al ver que eso era algo complicado, las lluvias de estrellas se llevaban cada tres meses y una vez, si no tenía el frasco listo podía perder la única oportunidad
De hecho si se puede... pero aquí no estoy segura de hacerlo
Pues hagámoslo -dijo con determinación Lían- Si la ama de llaves o el mayordomo nos dice algo, solo debes hablar con el joven señor
Por el momento plantémoslo -explicaba Arthur- Si nos ven pensaran que estamos cultivando, que de hecho eso es
Y cuando venga del trabajo el joven amo, habla con él sobre ello -Le sugirió Alín- No puede decirte que no, porque es un espíritu guardián, pero te aconsejo que sea durante la cena, es más calmado durante esas horas.
Pues pongamos manos a la obra -sugirió Lían.
Se pasaron casi toda la mañana labrando la tierra para el nuevo cultivo y arreglando los otros plantíos, después de eso Meikyo quería entrar en el laberinto, los demás dudaron porque era algo complicado, al pasado unos minutos de suplicas entre sus empleados y sus cuidadores ella desistió, como ya estaban sucios por la tierra pasaron al invernadero a ver la cantidad de plantas y flores que había, eran de dos niveles, el nivel más alto solo se podía acceder volando, no se encontraban escaleras otro lugar por donde acceder, se divirtieron ahí, Lían nombraba a las flores que ahí se encontraba, Arthur le decía la manera correcta de su cuidado y Alín se limitaba a observar, el fuerte de ella eran los vegetales o frutas.
Los tres empleados que el ama de llaves escogió para Meikyo de hecho era uno de los grupos de jardineros de la mansión, y conocían por lo tanto de muchas de las plantas, el ama de llaves tenía buen ojo y sabía con quien agrupar a las personas, por lo que casi de inmediato supo a quien asignar para la joven señora, ellos sin duda eran los más indicados.
Mientras tanto en las oficinas de la empresa Takenoushi, fundada por el tatarabuelo de Kyoya el señor Lauren, en la empresa se trataban asuntos de inversiones, compra y venta de acciones, asesoramiento y entre unas cosas más, era una empresa muy famosa y prestigiosa, en casi todos sus casos tenían excelentes ganancias, también era conocía porque si te metías con ella lo más segura es que esta te sacara del mercado en el peor de los casos, mientras unos la amaban otros tantos la odiaba, pero así es la vida no se puede tener contentos a todos.
En esa empresa el presidente era Kyoya, quien llevaba tres años en la presidencia y le estaba hiendo bastante bien, pero ese día en particular le costaba mucho concentrarse, en la junta general para ver cómo se encontraba el estado de la empresa no puso mucha atención, en los documentos que tenía que revisar apuradamente llevaba tres, afortunadamente contaba con un excelente secretario personal, que se podría decir que era más como su asistente personal, era una persona alta, de cabellera castaña obscura, de unos ojos azul profundo, tez morena, daba un aspecto bastante sumiso, pero no hay que subestimar a las personas por su apariencia, porque si estaba como la mano derecha del presidente eso solo quería decir que era un tiburón que te asecha, sabes que está ahí por la aleta superior, pero cuando se hunde en el mar no sabes por dónde te va a cazar, solo estas seguro de que la mordida será muy dolorosa, mortífera y totalmente inesperada.
Pero si algo bueno tenía el secretario sería que es muy fiel con el presidente, es al único a quien le guarda respeto y le admira, siempre a su cuidado como si se tratara de una joya y temiera que se la robaran, él era Orión Galax, un apellido y un nombre muy curioso sin duda. Con todas esas características cualquiera pensaría que estuviera enamorado de su jefe, pero de alguna manera así era, Kyoya era sorprendente tenía muchas habilidades en los negocios, y pasará lo que pasará casi nada podía sacarlo de sus casillas, a parte de un gran sentido del deber respecto a las reglas, eso era admirable para un descendiente de deidad.
Estaban solos en la oficina y Kyoya aún intentaba concentrarse en su trabajo, que de ello ya se percato Orión con anticipación, pero temía introducirse demasiado en la vida de su jefe, pero al notar que él no podía concentrarse comenzó a preocuparse por ello.
Presidente -le hablaba el moreno mientras le ponía una taza de café en el escritorio- Presidente, disculpe
Dime Orión -contesto sin ni siquiera mirarlo, aún intentaba en vano concentrarse en el documento que tenía delante
Temo molestarlo pero... ¿le preocupa algo presidente?
No se te escapa nada- sin mostrar ninguna expresión se dio vuelta en su silla, miro a través del ventanal que tenía detrás con una hermosa vista de la ciudad que al horizonte se podía divisar un prado, se podía ver el cielo despegado y algunas cuantas personas volar por las calles, otras cuantas caminaban por las aceras, los carros y los caballos de fuego jalando carretas, una vista realmente hermosa.
Te puedo hacer una pregunta indiscreta
Claro presidente -sorprendido por las palabras de Kyoya
¿Te has enamorado alguna vez de alguien de alas blancas?
Bueno... -conmocionado por la extraña pregunta, él era una persona de alas negras- ¿Aparte de usted?
Si, aparte de mi -sonrió ligeramente, Kyoya conocía a Orión desde la universidad, sabía a qué se referían esas palabras, era un gran amigo suyo
En la secundaria conocí a una chica. Se podría decir que teníamos muchas cosas en común -miró al techo tratando de recordar- Era apenas un crió y le propuse escaparnos y romper las reglas, pero supongo que las mujeres maduran más rápido que los hombres porque ella lo negó dulcemente
Y ahora, si pudieras elegir con quien casarte independientemente de las alas...
No entiendo por qué ha sacado ese tema de conversación, siendo tan estricto como eres, sería lo menos que imaginaría que te interesa, ¿A qué viene todo eso, te gusta alguien más aparte de tu esposa?
Las deidades me han prohibido hablar de ellos pero -se da la vuelta y se recarga en el escritorio- Pero si no hablo con alguien me volveré loco
Puedes contar conmigo, sabes que mi amor por ti no me permite traicionarte
Si, lo sé... creo que contare contigo
Kyoya le conto a su amigo sobre la situación, sobre la identidad de Meikyo, sobre el plan de los seres superiores, sobre la edad de su esposa que Orión ya sabía, él también asistió a la boda, sobre lo inseguro que se sentía y lo traicionado, en definitiva él creía que todo era un sueño, un frustrante sueño pero nada real al fin.
Su amigo Orión lo escuchaba con atención, realmente tampoco lo creía, pero Kyoya sería incapaz de hacer bromas sobre ello, permaneció calmado acariciando su corta barba, él solía hacer mucho eso cuando estaba concentrado, era como entrar a una especie de transe, su <<zen>> por así llamarlo. Después de analizar todo lo que le había dicho, suspiro para hacer entrar en razón a su amigo
Aunque entiendo todo lo que me dices -dijo seriamente- No es para que la tomes como niño pequeño contra Meikyo
No la tomó contra ella -se indigno ante tal comentario- Solo no somos compatibles, y es una escoria
Y ¿Cómo sabes que no son compatibles? ¿Ya has intentado tener una conversación decente con ella?
Todo lo toma a juego, nada se lo toma en serio
Me voy arriesgas a decir que tus contestaciones son corta y por lo regular con un frió <<aja>> a todas sus preguntas, y sus grandes conversaciones son cuando la corriges o la regañas
Ahí es cuando uno puede darse cuenta de quienes son sus amigos, aquellos que te conocen tan bien como su propia palma de la mano, así era Orión, amaba a su amigo en el sentido de hermandad y respeto, lo conocía tan bien que podía anticipar a sus pensamientos y sus acciones.
Si sus preguntas fueran más serias quizás...
Y cómo quieres que sean más serias si no le respondes o en definitiva la ignoras, di que es un milagro que no te haya gritado o golpeado, se limita a tomarlo de un lado divertido
Tú no sabes cómo se ha transformado mi vida -molesto- Tener una escoria como mi esposa y sobre todo una menor
No creo que lleguen a nada si la tienes como <<escoria>>, si no superas ese paso no podrás avanzar en lo demás
Pero... -trato de objetar
Y si ella es tan infantil -interrumpió rápidamente impidiendo que su amigo objetara- es porque lo es, tú mismo lo dijiste es menor, y trata de poner todo su empeño, sobre todo en entenderte y no tratar de matarte
Gracias -en modo sarcástico- No sé qué rumbo tomará todo esto
Por el momento trata de escucharla... dedícale tiempo
Quince minutos al día -directo- eso es todo
Ni que fuera un perro -admirado por lo directo y firme que fue- Pero al menos será un comienzo, eso creo, quiero creer.
Terminaron de hablar y se dedicaron a las siguientes actividades, el presidente más concentrado después de tener a alguien que lo escuchara, sin duda su amistad era toda una hermandad donde solo eran dos integrantes en él. Al pasar las horas, dieron la hora de la salida, no muy convencido de regresar a casa, pero tenía que hacerlo ante las fuertes insistencias de su amigo. Tomo el carro y se dirigió a su casa.
En el camino pensaba en los comentarios de Orión, intentaría ponerle atención al menos 15 minutos al día, eso sería suficiente para tratar de entenderla, pero no podía quitar de su corazón que no la aceptaba, en definitiva no la aceptaba, ella tenía las alas grises de un color tan sucio, y era su esposa, y de ella tenían que nacer sus hijos, era demasiado para él.
Llego a casa, le recibieron sus empleados en la entrada, junto con el ama de llaves y su mayordomo como era de costumbre, pregunto por Meikyo y se le dio informe completo de lo que había hecho durante todo el día, en ese momento se encontraba en la sala de música, así que se dirigió hacia haya, quería pasar rápidamente de esos quince minutos, pero al irse acercando escuchaba una suave melodía en el interior de la sala, eran notas de piano, suaves, rítmicas y con un aire de tristeza que podían penetrar el corazón.

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